Danos locos, Señor, liberadores eficientes de los que no cuentan para nadie
Fray Louis Joseph Lebret

Shintuya

El imperio de los mashcos centrado hoy en una hermosa misión. Un pueblo que progresa paso a paso y fruto de mil vicisitudes y contratiempos, de sacrificio y esfuerzo. Muchas fueron las arriesgadas expediciones en busca de los mashcos, amarakairis, kareneris, sireneris, huachipairis y toda la lista de los grupos llamados "feroces" del Alto Madre de Dios, temidos en muchas leguas a la redonda. Un hombre, un misionero, el P. ]osé Álvarez, con el estandarte de San Miguel Arcángel y una palabra "huamaambi" (hermano), consiguió lo que no pudieron las escopetas y rifles de caucheros y aventureros. Su primer "hermano" Paijaja le ayudó como curaca a establecer el primer puesto de misión el 8 de Abril de 1944, en las cabeceras del río Kaichihue. Allí se estableció la primera capilla y fue el centro de otras visitas por los ríos Punkiri, Karene, Igpave, Kipoznue y Sorocue. Once años después, en 1955, vista la mayor afluencia de mashcos y un mejor terreno para su supervivencia, se trasladó la Misión a las orillas del río Palotoa, en el Alto Madre de Dios. Pero, a los 3 años de establecidos, una arrasadora inundación deshizo todo el trabajo, casas, chacras y capilla. En 1958, se trasladó la misión al lugar que hoy ocupa en las orillas del humilde río Shintuya, siempre bajo el patrocinio de San Miguel de los Mashcos.

La historia de Shintuya es la de una estrecha relación entre la Misión y su población Harakmbut, íntima y estrecha en unas ocasiones y conflictiva en otras. La acción de la Misión ha hecho que Shintuya sea la comunidad de población nativa más importante del Alto Madre de Dios, donde los que fueron llamados "feroces mashcos" viven unidos contando en la actualidad con todos los servicios básicos : internado, escuela primaria y secundaria, granja, posta médica, agua, energía eléctrica y la nueva iglesia. Aún hay muchos grupos dispersos por las cabeceras de los ríos, pero saben que en Shintuya tienen su casa, donde sus hijos pueden recibir una educación y ellos practicar sin temor ni vergüenza su cultura, sus costumbres sociales y su folklore.

Del puesto misional de Shintuya depende la actual presencia de dominicos en boca Colorado. En los años 70, debido a la explotación del oro y a las grandes injusticias que tenían lugar asociadas a esta actividad, se observó la necesidad de tener una presencia en esta zona del río Colorado, en su desembocadura. Al depender de Shintuya, los misioneros se tenían que desplazar largas distancias para prestar asistencia pastoral a los indígenas y a los numerosos colonos que acudían a por el preciado metal. Por este motivo, desde hace unos años el P. Pablo Zabala, atendiendo la petición de Monseñor Francisco González OP, obispo emérito, fue destinado a Colorado para atender la zona de una manera más directa y eficaz.